domingo, 31 de mayo de 2015

AC/DC: calienta motores para encender con su rock electrico Madrid


Ya se cuentan las horas para una de las citas más importantes del año en la capital. Hoy, cuando se apague el sol sobre el Vicente Calderón y tras calentar el ambiente los californianos Vintage Trouble, miles de gargantas comenzaran a gritar al son de los primeros compases del Rock or Bust, el decimosexto álbum de la banda de hard rock australiana con toques de blues rock, AC/DC.

Si los Rolling Stones son "sus satánicas majestades" el grupo creado en Sídney en 1973 por los hermanos de origen escocés, Malcolm y Angus Young, son los obreros del más genuino, noble y auténtico rock sin concesiones. Un grupo que ahora conmemora sus cuarenta años en la carretera y que tiene una afinidad muy especial con nuestra Comunidad, desde que en 1980 nos visitaran por primera vez con motivo de presentar todo un himno como es el "Highway To Hell" en televisión.

Desde entonces la relación con la capital ha sido intensa, con cerca de una decena de conciertos, de los cuales, uno inolvidable para los miles de seguidores madrileños y para la propia banda, como fue el celebrado en Las Ventas durante el verano de 1996. En el coso de la plaza más importante del mundo surgió el vídeo "No Bull" y una relación mutua de amistad que continuo en el 2000 al inaugurar una calle propia en el municipio de Leganés.

Con las 100.000 entradas agotadas para las cita de hoy y del próximo martes (vendidas en apenas cinco horas cuando salieron a la venta hace ya unos cinco meses) las cifras de logística que rodean a esta gira mundial de una de las bandas más grandes de las últimas décadas son impresionantes.

Millón y medio de vatios, 125.000 metros de cables, 30 camiones de producción y 51 "steel truscks" para transportar la estructura y los materiales más pesados de un escenario que, coronado por tres megapantallas de video, mide 75 metros de largo por 60 de profundidad y 30 de alto. Y si esto fuera poco, siete autobuses transportan a las 175 personas fijas que forman el equipo humano de la gira "Rock and Bust", a los que hay que sumar otros trabajadores locales y que se resume en 1.000 comidas diarias.

En cuanto a los protagonistas, las novedades más importante de esta gira son las ausencias de Malcolm Young y su guitarra rítmica, al estar internado por un proceso de demencia y del batería Phil Rudd, con problemas con la justicia por trafico drogas y amenazas.

Al primero lo sustituye su sobrino de 58 años, Stevie, músico que ya actuó con la banda en 1988 durante la gira "The blow up your video Tour" para sustituir al propio Malcolm, en aquella ocasión con problemas con la bebida. Mientras que el batería ahora es Chris Slade, que ha vuelto a ser admitido tras dejarla en 1994.

Los que resisten al tiempo y a las canas son el cantante Brian Johnson, que con 68 años es la voz del grupo desde 1980, tras la muerte de Bon Scott y Angus Young, el alma del grupo con su traje de escolar, sus 60 primaveras, su inseparable Gibson SG y sus "riffs" incisivos... una incansable máquina que se moverá por el escenario sin parar como si fuera la niña del exorcista. Y por último el bajista Cliff Williams, el más "modosito" de la banda y que siempre se mantiene en un segundo plano.

El concierto esta pensado para no defraudar a sus miles de seguidores. Comenzará proyectando por las megapantallas a unos astronautas aterrizando en la luna y un volcán que escupe una roca ardiendo con las letras del grupo en dirección a la Tierra. Y si hablamos del contenido, los temas hacen un recorrido por sus principales éxitos de los años `70 y `80, desde "Shoot to thrill" hasta el "Hell ain't a bad place to be".

Uno de los puntos álgidos de la cita rockera será hacia la mitad del concierto. En ese momento entra en escena uno de los gags ya habituales de la banda desde los años 80. Del techo del complejo entramado que sujeta el escenario, bajara una campana gigante bajo los acordes del "Hell's bells" y con el que quisieron dar en su momento un homenaje al recién fallecido Bon Scott. En cuanto al último disco, se limitaran a un par de canciones: "Play ball" y "Baptism of fire", y uno de su disco anterior, "Black ice", el "Rock'n'roll train".

Más adelante y con una inmensa muñeca hinchable invadiendo el escenario con el nombre de Rosie, comienzan los acordes del "Whole Lotta Rosie" y donde se vuelve a recordar a Bon Scott, dado que la canción esta dedicada una mujer real con la que estuvo el malogrado cantante y que por lo visto era tan gorda como resolutiva en la cama.

Al final y antes de los bises, el "Let There be Rock", donde Angus se lucirá subido a una plataforma y alargando la canción hasta la eternidad con solos de guitarra mientras gira sobre si mismo tirado en el suelo como si estuviera poseído por el mismo Satanás.

Y ya en pleno éxtasis de grupo y público, y con todo el escenario envuelto en llamas, uno de los himnos inmortales de la banda australiana, el "Highway to hell" y tras el, atronadoras salvas de cañones y la apoteosis final dando entrada al "For those about to rock (we salute you)". En fin, cuarenta años de historia y cuarenta razones para no perderse a una formación que en directo han sido y son, de las más auténticas por su entrega y comunión con sus millones de seguidores por todo el mundo.

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